17 marzo 2012

fallas 2012/ conjunto vacío

Plaza de toros de Valencia, 17 de marzo de 2012. Novena de la Feria de Fallas. Toros de Zalduendo de correcta presentación, mansotes y bajos de casta, el segundo recibió palmas en el arrastre; para Enrique Ponce (silencio tras aviso en los dos), Sebastián Castella (ovación tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso) y Arturo Saldívar (silencio tras aviso en los dos). Lleno (cerca 11.000 espectadores)

Las circunstancias dejaron la tarde hueca. Como envasada al vacío, sin vía de escape para el conjunto total, que quedó sumido en la incertidumbre sembrada por unos zalduendos que ni sí ni no y una terna de espadas que no acabó de concretar sus actuaciones, unas mejor hilvanadas que otras, ni tampoco concluírlas conforme cuando parecía obligado.

Por ejemplo, llega Ponce a no estar hecho un pinchauvas con el primero y a lo mejor habría cambiado el signo, espoleando todo lo demás. El que abrió plaza fue un amplio, hondo y enmorrillado zalduendo llamado 'Autor'. Requetemanso: corretón, sin fijeza, lanzando coces al peto en su huída; que planteó la duda de si Ponce lograría aquello de meterlo en vereda.

El comienzo por abajo, y no. Se posicionó el toro fuera de las rayas y tampoco. Frente a toriles, menos. Y en terrenos del dos, de rayas para adentro y en redondo, vino aquello: uno, otro, se quiere ir, pero vuelve, y el siguiente a favor de querencia, el paso adelante y ya no hay más que muleta. Le liga dos, vuelve a ganar el paso y el manso ya estaba convecido. El terreno lo había propuesto el toro --pegado a tablas--; la dirección a tomar, un Ponce que volvió a dictar una lección de mando sobre ambas manos. Que hubo mando y somentimiento y sujección en el toreo en redondo y al natural se demostró cuando le largó dos molinetes y el toro seguía con ganas de poner distancia de por medio. Pero muleta, mucha muleta vio 'Autor'. Luego dos pinchazos, otro hondo y dos descabellos tras aviso dejando aquello en un sinsabor.

Pero es que si Castella culmina con un espadazo la buena faena a su segundo, el signo podría haber cambiado también. Discreto el toro en los primeros tercios y sin demostrar grandes condiciones. Arturo Saldívar fue atropellado en el quite por chicuelinas y en el desplante posterior. Saldívar empezaba a demostrar que no iba a tener su tarde.

Pero Sebastián Castella sacó un reposo y un temple clarividente. El incio fue sentado en el estribo, se lo sacó con sentido afuera y empezó a construír la faena. El temple de las telas contribuyeron al del toro, que se tenía que llevar cosidito y sin brusquedades. Castella no atacó hasta que fue necesario. En redondo lo mejoró Castella y al natural tuvo mejor expresión. El desarme en la primera serie a izquierdas fue un borrón cuando mejor le dejó la tela, muy baja, y se preveía un pedazo de natural. El arrimón con todas las consecuencias supuso la culminación de una faena plena de sentido y rubricada de media y dos descabellos tras aviso que dejaron la cosa con sabor a menos: una ovación.

Y si Ponce y Castella habían demostrado los motivos de su sitio en esto, Saldívar se situó a años luz. Muy espeso, no solventó las incorrecciones del brusco tercero. Toro con poca fijeza y signos de manso. Incómodo, soltaba la cara a mitad del muletazo y Saldívar no aportó para corregir aquello sino que, al contrario, lo empeoró con un enganchón tras otro y así, tras tragarse alguna que otra recalada, llegó a escuchar un aviso tras dos pinchazos y bajonazo.

Lo que son las cosas. Si aquella tarde de tremenda expectación del 23 de julio en que reapareció José Tomás en València Saldívar sorprendio y triunfó, esta vez apareció ofuscado y por debajo de unas circunstancias con mucha menos presión. Lo corroboró en el sexto, un toro estrecho de sienes y bajo de presencia que regaló medio centenar de embestidas que ni por esas supo ordenar y argumentar en su muleta. Primó la vulgaridad y la acumulación de pases sin sentido hasta escuchar el aviso.

Porque avisos sonaron hasta seis, uno por toro, y Ponce y Castella en los toros cuarto y quinto los escucharon bastante antes de montar la espada.

Muy bajo de cruz, de presencia, casta y fuerzas fue el cuarto. Ponce insistió por activa y por pasiva, pero la flauta con el hierro de Zalduendo no sonó, sino que se vino abajo y cada vez más abajo. De agarrar la estocada habría tocado pelo, pero un pichazo previo a un buen espadazo dejaron claro la poca consistencia de aquello y la cosa quedó en silencio.

Exigente y molesto fue el quinto, tapado por tener las puntitas hacia arriba. Y a la hora del quite, otra voltereta para Saldívar. De embestida rebrincada, Castella primero se acopló y luego lo acabó templando en otra faena larga y meritoria a un toro que no dejó de protestar. Dejó una casi entera trasera y atravesada que necesitó de un descabello. Hubo petición que no llegó a mayoría y dio la vuelta al ruedo.

Javier Ambel se desmonteró tras parear al segundo.

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